jueves 4 de marzo de 2010

El número 31



Era la novena vez que lo encontraba en el mismo lugar, sentado, esperando, distraído y mirando sin mucho interés hacia la izquierda, como él esperando al autobús. Ver a aquel señor le inspiraba confianza, tenía algo que le recordaba a un pariente lejano ya fallecido, algo familiar que hacía de la contemplación una rutina que le ayudaba a sobrellevar la espera. Luego era una cuestión de números, este señor siempre tomaba la línea 15, el que iba hacia el polígono industrial situado al norte de la ciudad, y él tomaba la línea 31 para dirigirse al centro.

En pocos minutos llegó su autobús, su número, y entró al vehículo sin reparar en el misterioso señor que dejaba atrás. Una vez en marcha empezó a repasar mentalmente el plan de aquella tarde, así parecería más corto el trayecto. -A ver, primero recoger el coche del taller, después a mi mujer del trabajo, luego la reunión del colegio de las niñas. Espero llegar a tiempo a casa para que la canguro no nos cobre horas extras...-

Un olor muy particular lo distrajo de sus pensamientos y lo arrojó de vuelta al autobús donde los viajeros se apretaban y movían al unísono con los vaivenes del camino. Era un perfume masculino que no había olido desde su infancia y que le hizo sentirse muy pequeño, como si viera todo desde una perspectiva un metro y medio más baja. Se giró levemente hacia la derecha y se lo encontró justo delante, al señor de la parada de autobús. Estaba tan cerca que parecía que se hubiera puesto él mismo aquel perfume. Se quedó quieto, disfrutando de aquel huracán de recuerdos que barrió su mente en ese preciso momento. Le resultó extraño pero le pareció notar que aquel señor se había percatado de algo en él, -quizás los recuerdos cuando nos visitan cambian nuestro semblante y se transparentan hacia fuera-, sintió que le dirigía una comedida media sonrisa.

Después de unas cuatro o cinco paradas el vehículo se fue llenando más y quedaron uno frente al otro con una aproximación tal que, salvando un leve desplazamiento lateral entre sus cuerpos, se tocaban desde el pecho hasta las pantorrillas. Pese a no ser un hombre de complexión atlética podía notar como algo de esto había quedado en su cuerpo tras el paso de los años. Desde su misma altura podía sentir un torso robusto y henchido de vello, un abdomen generoso y cálido y unas piernas gruesas y firmes.

Mientras hacía este análisis físico casi sin darse cuenta empezó a sentir calor y las piernas le comenzaron a temblar, no podía apartar la mirada de aquel triángulo de vello espeso y salpicado de canas que quedaba al descubierto por los dos primeros botones de la camisa, aquel cuerpo desprendía demasiado calor y él lo estaba recibiendo todo, demasiado cerca. De repente notó que la mano de su compañero de viaje descendió suavemente desde la altura de su abdomen, donde había quedado atrapada por la última entrada de pasajeros, hasta abajo quedando así a la altura de su sexo. Hacía un rato que había empezado a notar los efectos del roce de la pierna que tenía justo atravesada entre las suyas y que fue sustituida por una mano, sentía como su miembro aumentaba de tamaño con cada latido. No pudo hacer nada, solo imitar el gesto y buscar torpemente el mismo destino en su acompañante. Cuando encontró su posición y palpó casi pudo hacerse una idea a través del fino pantalón de lana que vestía de la magnitud y relieve del sexo que palpaba con el dorso de su mano primero y entre sus dedos índice y corazón después. La respiración se le volvió entrecortada y las caricias marcadas por el movimiento del autobús habían conseguido un estado de erección demasiado alto, notaba el rubor en su cara y un zumbido en sus orejas con cada latido, como si estuviera amplificado por mil.

Casi sin darse cuenta, ajenos completamente al viaje, la presión ejercida desde fuera de aquel vínculo por la multitud se empezó a anular y el autobús se quedó vacío en pocos segundos. Ellos también salieron y se encontraron con la temprana noche de diciembre. Todos los ocupantes habían partido en direcciones diferentes buscando sus destinos y sólo quedaban ellos dos sobre la acera sintiendo un metro de distancia entre ellos como un kilómetro después de la estrechez vivida pocos segundos antes. Un móvil sonó de repente, no sabía si era el suyo o el de aquel señor. Mientras buscaba su teléfono todavía con un leve temblor en todo su cuerpo oyó responder a su acompañante -¿y que te han dicho los del taller?, vale, perfecto, te espero entonces en la cafetería que hay frente al taller y vamos juntos a la reunión del colegio de los niños...

11 comentarios:

Xim dijo...

Muy bueno, me ha gustado eso de empequeñecer a partir de reconocer un aroma específico, y ese final tan realista como la vida misma... Perfecto!!!! Felicidades!!!

Besotes

Xim

Stultifer dijo...

Un canguro que cobra horas extras no es de fiar.

Alfonso dijo...

Que poca importancia le dá la gente al sentido del olfato, solo lo recuerdan cuando huele mal, pero nuestro instinto animal esta latente...y es uno de los factores mas estimulantes del mundo, como es el caso, todo comienza por el olor.
Que intensidad de relato, me encantó.
Bsote perfumado.

Argax dijo...

Vaya, erotismo conseguido.

Buen relato, buen rítmo, lectura amena.

Coincido en lo que dice Alfonso del sentido del olfato, para mi pocas cosas hay más estimulantes que los olores.

Un abrazo.

The Aloofness dijo...

Xim y Alfonso.- Para mi los olores y los empequeñecimientos y/o agrandamientos (depende si hablamos de cuerpo entero o solo cavernoso) están estrechamente unidos. Es la parte más química que tengo.

Stulti.- Se lo dije al prota pero creo que le pone su novio cuando viene a recojerla...está obcecado.

Argax.- Muchas gracias por tus agradables palabras. Creo que el erotismo lo ponemos en la lectura, quizás he despertado algo pero que estaba ya en tí, en tu autobús número 31...


Un beso grande y oloroso

theodore dijo...

Yo te dejé un comentario ayer y no ha salido. O creo que te lo dejé. O soñé que creía que te lo había dejado. Carallo!!

Bueno, venía a decir que esto es una exquisitez. Pero de verdad. Aparte de las imágenes tan sugerentes y poderosas, el lenguaje que acaricia al que lee tan intensamente como los del bus se acariciaban, de la presencia del olor, que como ya habéis dicho es tan importante....sabes lo que más me ha llamado la atención? El erotismo tan elegante. Hay cantidad de literatura (real y bloguera) que se malogra por el lenguaje soez y explícito. Y a riesgo de sonar rancio o puritano, si es que tal cosa me importa (que no), para mi gusto no hay nada como la sutileza y la sugerencia. Y es que lo has bordao, chiquitín.

SmellsLikeGlory Kisses

sardinita dijo...

oinnnnchssss despues de la crítica del Teo no sé que decir, pues eso, que lo firmo, lo del Teo. Y ánimo con esos transportes... además.
En esta parte del mundo 3º, hoy sin sol, no llueve, viento, total, un rebujito, que ganas de que llegue el verano nene. Y de todos esos recuerdos playeros contigo :) alguno volverá.
BeSo grande grande como tú

polo dijo...

Oye, aloff, no sabía yo que escribieras tan bien. Está de Pe Eme: lo he estado leyendo poseído por la intriga.

Me gusta cómo empieza la historia, especialmente, cuando se recalca en la seguridad de ver a alguien en el mismo lugar y a la misma hora todos los días... y cómo eso desemboca en lo que desemboca.

Y el final... tenía que ser así. La vuelta a la cruda, sucia y fea realidad.

sardinita dijo...

que me acordaba de tí... y he pasao por aquí otra véz
que te quiero canalla

thefirstsquirrel dijo...

Chico, llego tardísimo, no me había dado cuenta de que habías publicado una entrada nueva. Y me viene olor a Old Spice y, tengo que admitirlo, recuerdos muy vivos de algo muy parecido que me ocurrió hace ni se sabe. Qué bien contado, qué bien escrito.

Chevy dijo...

Un gran relato. Me ha hecho recordar un incidente que tuve en el metro cuando tenía 15 años. No fué ni mucho menos tan tórrido como este. El metro iba a reventar y una mano me cogío el paquete, con fuerza, más bien desagradable. No podía moverme y miré a mi alrededor y no pude descubrir a mi agresor.

Kisses