
Esto no es una excusa, esto es un "relatar". Antes de nada quiero excusarme por desaparecer tras el viaje catalino, han sido unas semanas -mes, ¿quizás?- de locura. Evidentemente entrar aqui y ponerme al día de todas vuestras noticias, participar de ellas y dejar algo de las mias era una odisea irrealizable cada vez que miraba mi mesa de trabajo y veía los libros apilados esperando a que les metiera mano, ojo y seso. Las únicas concesiones de tiempo que he hecho han sido para dar sosiego a los instintos más básicos del hombre que en este momento no voy a enumerar pues por todos es bien sabida la corta lista que los contiene.
Lectura, crítica y estudio han sido las únicas actividades extralaborales que me han ocupado estos días. Cada mañana he visto el sol asomarse por el ventanal, al fondo desde las colinas de la parte asíatica, ascender un poco -no mucho pues está entrando definitivamente el invierno y al sol parece que le diera miedo alejarse del calor terrestre- y volver a descender para ocultarse tras los Kosks otomanos que se acercan desde poniente. Este movimiento lo realiza el astro rey siempre a mi derecha, siempre calienta mi lado más capaz, por eso a veces me cambio al otro lado de la cancha y juego de izquierdas la segunda mano.
Después, ya sin luz en el cielo, me ducho y salgo corriendo hacia donde me esperan mis atentos y trabajadores aprendices proibéricos, justo allí donde el sol me saludo al amanecer. Parece una especie de carrera de testigos entre el sol y yo.
A la noche, demasiado cansado para mover mis dedos y buscar en mi cabeza ardiendo, no puedo darle cuerda al muñequito Thealoofnes y se queda en su caja, cojiendo polvo y humedad.
Hoy, último día del Kurban Bayram -fiesta del sacrificio musulmana- y después de haber dedicado muchísimas horas a desgastar mis codos, me he propuesto mandaros una notificación escueta pero cargada de afecto a todos y todas los que, supongo que cada vez menos, os asomáis por mi casa.
Más abrazos no se pueden mandar (porque los envíos tienen límite de capacidad).
Foto: Seguramente un antepasado mío pintado por el Greco, para los que me conocéis entenderéis por qué digo esto. A modo aclaratorio diré que mis antepasados por vía materna eran servidumbre de Alfonso XII, es posible que teniendo encuenta la tradición familiar en ese tipo de empleos, también lo fueran de Isabel II y .... quién sabe, en cualquier caso tengo una cuenta pendiente en el Museo del Prado.





Playa de Olimpus da la bienvenida a la tormenta que rompe contra la cordillera.
La perfección de la talla de las piedras que forman el arco de acceso al anfiteatro.
En la playa de Kabak un paraíso con mejor acceso por mar que por tierra...
El atardecer nos avisa que la cena será servida en poco tiempo, una ducha y homenaje.
Al día siguiente visita en barca al valle contiguo, Kelebek Vadisi o Valle de las mariposas completamente tomado y destrozado por los hippies y sus tiendas de camping (ya podrían montar chambaos y meterse sus supertiendas de acampada por el valle porque es horroroso ver un espacio natural tan reducido lleno de setas azules de nylon.
La noche de la despedida fue tormentosa pero muy bonita.
Kabak desde el camino hacia el bus que nos llevaría al próximo destino.
Composición de las dos bahías que forman en complejo vacacional donde nos hemos hospedado.
En este embarcadero hemos pasado los mejores momentos de relax de todo el viaje.
Un pueblo en el mar Egeo con diez casas y otros tantos restaurantes de pescado, algunos vecinos toman el sol en la estrecha orilla, nosotros nos unimos a ellos.
El homenaje final necesario para cerrar unas excelentes vacaciones.